Me dijiste que no, que no volverías a bailarla por una promesa, pero yo en mi pensamiento caprichoso pensé porque no, no creo que ella se moleste y me animé a pedirla, total el día anterior habías dado unos pasitos y enseñanza.
Lo hice porque quería verte bailar, porque quería verte feliz, porque mientras que grababa pensaba si fuera el último día de tu vida y no volviste a bailarla (ok, disculpa me involucré mucho).
Pero ahí estabas, bailando como solo tú sabes hacerlo, con elegancia y coquetería como tú mismo eres, reencontrándote con ella la marinera, tu amiga y compañera, que imagino yo te ha dado alegrías, sinsabores, frustraciones y en fin toda clase de emociones. Te desplazabas como tú solo, como el caballo de paso cuando comienza a galopar, y yo quise hacer el intento (mi histrionismo pudo más a pesar que estaban personas que no conocía) hice el ridículo y te lo decía pero ya que chucha, yo quería y tengo el sinsabor de querer la revancha y aprender a bailarla.
La marinera va contigo porque es coqueta, porque es imponente, porque implica disciplina y fortaleza.
Pdta: aunque me dijiste que no lo hiciste bien, diste una cátedra a todos los ajenos a la marinera.