jueves, 26 de enero de 2017

Desempleada...¡no! Asistente de cocina

Ser asistente de cocina no sólo es aprender de recetas, ayudar en la elaboración de platos, lavar o cortar ingredientes.

En este tiempo ser asistente de cocina me ha ayudado a cultivar la paciencia, a relajar la mente y los impulsos, a mejorar en cuestiones como pensar antes de actuar, planificar y ordenar y más.

Cuando estás frente a la olla, tienes que aprender a ser paciente a que caliente el aceite, y también no descuidarte de que se queme, porque sino se malogra todo y tienes que volver a empezar; creo que esto puede aplicarse en la vida, más precisamente en este momento de mi vida para mí.

Antes de preparar una comida tienes que pensar antes de elaborarlo, si tienes todos los ingredientes, si te falta algo (aquí también tienes que hacer uso del ingenio, no lo sabrán las madres de familia), y es como cuando vas a hacer algo en la vida, ¿tienes todo lo necesario para empezar a preparar eso que quieres? A veces hay que arriesgar sí, pero también implica planificación y organización.

En la cocina también implica correr riesgos y asumirlos, si es que te estás iniciando o te animas por intentar un nuevo plato o si estás viviendo solo y tienes que alimentarte por ti mismo, y si no te sale como esperabas pues entra en práctica la tolerancia a la frustración, la aceptación de errores y el volver a empezar, cuesta sí, pero al menos que tengas recursos para dejar de intentar cocinar déjalo, igual que en la vida, pero creo que sería evadir y no descubrir de lo que puedes ser capaz si te animas a perseverar.

También implica trabajar en equipo, escucha activa, atención y comprensión, como me pasa con la jefa de cocina, mi abue, quien desde que tengo uso de razón cocina para todos nosotros. No niego que hay días que me estresa ver que todos los días hay que cocinar, no niego que hay días que me aburro y no quiero hacer nada, pero me pongo a pensar en cuantos años lleva ella cocinando sin recibir un sueldo, quizás guardándose el aburrimiento, la impotencia y la cólera. A veces lo verbaliza pero continua haciéndolo, puede quejarse, puede decir "¿pero qué puedo hacer?" y a pesar que le digas que deje de hacerlo ella no lo hará, porque es madre, porque fue criada así, aunque hay días que si se rebela y me da gusto, mucho gusto.

Igual pasa cuando voy con ella al mercado, hay días que si estoy de ánimo y otros que no, quizás a ella le pasa igual, pero solo tengo que respirar y controlarme, controlar como leí por ahí los monos que hacen sonar los platillos en la mente. El mercado puede resultar interesante, es una vitrina que te permite ver muchas conductas sociales, interrelaciones, estilos de crianza, tipos de pensamiento, formas de comunicarse, leer lenguajes no verbales, en resumen, mucho aprendizaje y es ahí cuando no me arrepiento haber estudiado mi carrera.

Días en que me levanto animada a aprender, a ayudar, a sentirme útil en la cocina, como otros días en que siento que ayudo, si bien aporto con mis recursos de apoyo, pero no veo las horas de aportar económicamente.

No sé si a alguien más le pase, pero lavar los servicios me resulta relajante y una actividad que pone pausa a mis rumiaciones, voces y reproches mentales.

Creo que la cocina me está ayudando a darme cuenta de cosas que tengo que cambiar, eliminar y reforzar conductas. Y obviamente cuando llegue el momento de ser independiente, tendré como defenderme en la cocina.

Debo admitir que tengo sentimientos encontrados, cuando trabajaba sentía nostalgia por no poder estar con mi abue y ayudarla, pensar en que iba al mercado sola y toda la chambaza que se hacía. Y saber que llegará el día que nuevamente trabajaré me embarga la nostalgia nuevamente. Así que diré que por algo pasa las cosas, quizás tomé la decisión de dejar el trabajo por algo, quizás para aprovechar este tiempo para disfrutar con ella, a quien le debo mucho. Sin embargo, como dije anteriormente, no veo las horas de no solo aportar con apoyo manual, sino también monetario.

Así que si necesitan una asistente de cocina, con gusto estaré ahí para seguir aprendiendo, creo que no estaría mal considerarlo como experiencia en mi CV ¿verdad?

domingo, 8 de enero de 2017

Suicidio, fe y baile

He pensando en suicidarme algunas veces, como respuesta al cansancio de estar esperando.

Suicidar las ideas negativas, suicidar las malas vibras, suicidar los hubiera, suicidar la bronca conmigo misma, suicidar la depresión, el desgaste, el llanto.

Suicidar la impotencia cada vez que no había una segunda llamada de entrevista, suicidar ese sin sabor de qué diantres pasó para que no llamen, suicidar las rumiaciones, la desesperanza.

Suicidar mi pasado, mis inseguridades, mis miedos, mi impulsividad, mi falta de valentía y de coraje que me limitaron y aún me siguen limitando.

Y en el camino del suicidio, aparece la fe, la fe a seguir, la fe de que puedes renacer luego del suicidio, la fe de que has tocado fondo para darte cuenta y renovarte, darte cuenta de saber si realmente quieres seguir en ese camino o no.

La fe que había perdido, la fe con la que renegué, con la que trato hacer las pases para no desvanecer, la fe que me hace pensar que por algo pasan las cosas, la fe que me dice quizás no es para ti ese camino pero posiblemente yo sigo obstinada y quiero creer que sí. La fe que me dice hazlo, no tengas miedo a hacer eso que evitas por miedo al fracaso.

Y entre el suicidio y la fe aparece el baile. El baile liberador, el baile sanador, el baile fortalecedor, ese que te hace olvidarlo todo, te hace sentir segura así bailes mal, el baile que te hace vibrar al ritmo de la melodía, coordinar pasos y soltarte sin importar que tan bien o mal bailes.

El baile es una droga, es un paliativo, es una hora, dos o más donde sientes poder, donde piensas que todo es posible si lo quieres lograr, donde puedes reinventarte en cada paso, cada acorde, cada canción.

Y así a veces uno tiene que tocar fondo para suicidarse, hallar la fe y continuar bailando.